Novena a Nuestra Señora de Fátima

Novena para hacer después del rezo del Santo Rosario. (Del 04 de Mayo al 12 de Mayo)

Oración Inicial para los nueve días:

Oh Santísima Virgen María, Reina del Santo Rosario y Madre de Misericordia, que te dignaste revelar en Fátima a tres inocentes pastorcitos los secretos inefables del Cielo y transmitir con ternura mensajes de salvación y de paz, haz dócil a nuestro corazón para ser verdaderos devotos de Tu Inmaculado Corazón para ofrecerte nuestro Amor y buenas obras en reparación de todas las ofensas que Tú y Tu Santísimo Hijo, reciben de nosotros. Iluminados por los tesoros de gracias escondidas al rezar el Santo Rosario a fin de que al meditarlo recojamos los frutos de vida eterna y confiados en Tu Misericordia Maternal y agradecidos a las bondades de Tu Amantísimo Corazón, venimos a Tus Pies para rendirte el tributo de nuestra veneración y amor. Concédenos la perseverancia que necesitamos para cumplir fielmente Tu mensaje de amor, y lo que pedimos en esta Novena, si ha de ser para mayor Gloria de Dios, Honra vuestra y provecho de nuestras almas. Así sea. Amén.

 En actitud de arrepentimiento: Jesús Hijo de Dios, apiádate de mí que soy pecador. (3veces.)

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

PRIMER DÍA

(Oración Inicial)

Penitencia y reparación: ¡Oh Santísima Virgen María, Madre de los pobres pecadores!, que apareciendo en Fátima, dejaste transparentar en Tu Rostro Celestial una leve sombra de tristeza para indicar el dolor que causan los pecados de los hombres y que con maternal compasión exhortaste a no afligir más a Tu Hijo con la culpa y a reparar los pecados con la mortificación y la penitencia. Dadnos la gracia de un sincero dolor de los pecados cometidos y la resolución generosa de reparar con obras de penitencia y mortificación todas las ofensas que se infieren a Tu Divino Hijo y a Tu Corazón Inmaculado. Amén. Oración Final.

SEGUNDO DÍA

(Oración Inicial)

Santidad de vida: ¡Oh Santísima Virgen María, Madre de la Divina Gracia, que vestida de nívea blancura te apareciste a unos pastorcitos sencillos e inocentes, enseñándonos así cuánto debemos amar y procurar la inocencia del alma, y que pediste por medio de ellos la enmienda de las costumbres y la santidad de una vida cristiana perfecta. Concédenos misericordiosamente la gracia de saber apreciar la dignidad de nuestra condición de cristianos y de llevar una vida en todo conforme a las promesas bautismales. Amén. Oración Final.

TERCER DÍA

(Oración Inicial)

Amor a la oración: ¡Oh Santísima Virgen María, vaso insigne de devoción!, que te apareciste en Fátima teniendo en tus manos el santo Rosario, y que insistentemente repetías: «Orad, orad mucho», para alejar por medio de la oración los males que nos amenazan. Concédenos el don y el espíritu de oración, la gracia de ser fieles en el cumplimiento del gran precepto de orar, haciéndolo todos los días, para así poder observar bien los santos mandamientos, vencer las tentaciones y llegar al conocimiento y amor de Jesucristo en esta vida y a la unión feliz con Él en la Eternidad. Amén. Oración Final.

CUARTO DÍA

(Oración Inicial)

Amor a la Iglesia: ¡Oh Santísima Virgen María, Reina de la Iglesia!, que exhortaste a los pastorcitos de Fátima a rogar por el Papa, e infundiste en sus almas sencillas una gran veneración y amor hacia él, como Vicario de Tu Hijo y su representante en la tierra, Infunde también en nosotros el espíritu de veneración y docilidad hacia la autoridad del Romano Pontífice, de adhesión inquebrantable a sus enseñanzas, y en él y con él un gran amor y respeto a todos los ministros de la Santa Iglesia, por medio de los cuales participamos la vida de la gracia en los Sacramentos. Amén. Oración Final.

QUINTO DÍA

(Oración Inicial)

María, salud de los enfermos: ¡Oh Santísima Virgen María, salud de los enfermos y consoladora de los afligidos!, que movida por el ruego de los pastorcitos, obraste curaciones en Tus apariciones en Fátima, y habéis convertido este lugar, santificado por Tu inmerecida presencia, en oficina de Tus Misericordias en favor de todos los afligidos, A Tu Corazón maternal acudimos llenos de filial confianza, mostrando las enfermedades de nuestras almas y todas las aflicciones y dolencias de nuestra vida. Echad sobre ellas una mirada de compasión y remediadlas con la ternura de Tus Manos, para que así podamos servirte y amarte con todo nuestro corazón y con todo nuestro ser. Amén. Oración Final.

SEXTO DÍA

(Oración Inicial)

María, refugio de los pecadores: ¡Oh Santísima Virgen María, refugio de los pecadores!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar incesantemente al Señor para que no caigan más desdichados en las penas eternas del infierno, y también revelaste que los pecados de la carne es lo que nos arrastra a aquellas terribles llamas, Infundid en nuestras almas un gran horror al pecado y el Santo temor de la Justicia Divina, y, despierta en nosotros la compasión: para pensar por la futura suerte de los pobres pecadores que no se preocupan por enmendarse, danos un santo celo para trabajar con nuestras oraciones, ejemplos y palabras, para su pronta conversión y salvación. Amén. Oración Final.

SÉPTIMO DÍA

(Oración Inicial)

María, alivio de las almas del purgatorio: ¡Oh Santísima Virgen María, Reina del purgatorio!, que enseñaste a los pastorcitos de Fátima a rogar a Dios por las almas del purgatorio, especialmente por las más abandonadas. Encomendamos a la inagotable ternura de Tu Maternal Corazón a todas las almas que padecen en aquel lugar de purificación, en particular las de todos nuestros allegados y familiares y las más abandonadas y necesitadas; alíviales sus penas y llévalas pronto a la región de la luz y de la paz, para cantar allí perpetuamente Tus Misericordias.

Amén. Oración Final.

OCTAVO DÍA

(Oración Inicial)

María, Reina del Rosario: ¡Oh Santísima Virgen María!, que en Tu última aparición te diste a conocer como la Reina del Santísimo Rosario, y en todas ellas recomendaste el rezo de esta devoción como el remedio más seguro y eficaz para todos los males y calamidades que nos afligen, tanto del alma como del cuerpo, Infundid en nuestras almas una profunda estima de los misterios de nuestra Redención que se conmemoran en el rezo del Rosario, para así vivir siempre de sus frutos. Concédenos la gracia de ser siempre fieles a la práctica de rezarlo diariamente para honrarte, acompañando tus gozos, dolores y glorias, y así merecer Tu maternal protección y asistencia en todos los momentos de la vida, pero especialmente en la hora de nuestra muerte.  Amén. Oración Final.

NOVENO DÍA

(Oración Inicial)

El Inmaculado Corazón de María: ¡Oh Santísima Virgen María, Madre nuestra dulcísima!, que escogiste a los pastorcitos de Fátima para mostrar al mundo las ternuras de Tu Corazón Misericordioso, y les propusiste la devoción con el cual Dios quiere dar la paz al mundo, como el camino para llevar las almas a Dios, y como una prenda suprema de salvación, Haced, ¡oh Corazón de la más tierna de las madres!, que sepamos comprender Tu mensaje de amor y de misericordia, que lo abracemos con filial adhesión y que lo practiquemos siempre con fervor; y así sea Tu Corazón nuestro refugio, nuestro consuelo y el camino que nos conduzca al amor y a la unión con Tu Hijo Jesús. Amén. Oración Final.

Oración Final: (Oración revelado por el Ángel de Portugal a los tres pastorcitos en Fátima)

Oración de Reparación: “Dios mío, Yo creo, adoro, espero y os amo. Y os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.” “Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo entero, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias por los cuales es ofendido. Por los méritos Infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María os pido por la conversión de los pobres pecadores.” Amén.

Virgen del Rosario de Fátima, Ruega por nosotros. (3veces). Amén.

HISTORIA DE LA VIRGEN DE FÁTIMA

Desde el 13 de mayo de 1,917 la Santísima Virgen María se apareció en seis ocasiones en Fátima (Portugal) a tres pastorcitos: Lucía, Francisco y Jacinta. En un hermoso libro titulado “Memorias de Lucía” (cuya lectura recomendamos) la que vio a la Virgen cuenta todos los detalles de esas apariciones.
El 13 de mayo se produjo el siguiente diálogo:
Lucia:- ¿De dónde es su merced? – Virgen María: Mi patria es el cielo.
Lucia: -¿Y qué desea de nosotros? – Virgen María: Vengo a pedirles que vengan a este mismo lugar el 13 de cada mes a esta hora (mediodía). En octubre les diré quién soy y qué es lo que quiero.

Lucia: – ¿Y nosotros también iremos al cielo? – Virgen María: Lucía y Jacinta sí.

Lucia: – ¿Y Francisco? – La Virgen María: (Los ojos de la aparición se vuelven hacia el jovencito y lo miran con expresión de Misericordia y de maternal reproche mientras va diciendo): – El también irá al cielo, pero antes tendrá que rezar muchos rosarios.

Y la Sma. Virgen continuó diciéndoles: – ¿Quieren ofrecerse al Señor y estar prontos para aceptar con generosidad los sufrimientos que Dios permita que les lleguen y ofreciéndolo todo en desagravio por las ofensas que se hacen a Nuestro Señor?

Lucia:- Sí, Señora, queremos y aceptamos.

Con un gesto de amable alegría, al ver su generosidad, les dijo: Tendrán ocasión de padecer y sufrir, pero la gracia de Dios los fortalecerá y asistirá.

Segunda aparición: 13 de Junio de 1917.

La Sma. Virgen le dice a los tres niños: “Es necesario que recen el rosario y aprendan a leer”.

Lucía le pide la curación de un enfermo y la Virgen le dice: “Que se convierta y rece mucho, y el año entrante recuperará la salud”.

Lucía le suplica: “Señora: ¿ya quiere llevarnos a los tres al cielo?”. – Sí, a Jacinta y a Francisco los llevaré muy pronto, pero tú debes quedarte aquí abajo, porque Jesús quiere valerse de ti para hacerme amar y conocer. El desea propagar por el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María.

Lucia: – ¿Y voy a quedarme solita en este mundo?

Virgen María – ¡No hijita! ¿Sufres mucho? Pero no te desanimes, que yo no te abandonaré. Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y yo seré el camino que te conduzca a Dios.                     

Tercera aparición: 13 de julio de 1917.

Ya hay 4,000 personas. Nuestra Señora les dice a los videntes: “Es necesario rezar el rosario para que se obtenga la paz. Cuando sufran algo digan: ‘Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores’”.

La Virgen abrió sus manos y un haz de luz penetró en la tierra y apareció un enorme horno lleno de fuego, y en él muchísimas personas semejantes a brasas encendidas, que levantadas hacia lo alto por las llamas volvían a caer gritando entre lamentos de dolor. Lucía dio un grito de susto. Los niños levantaron los ojos hacia la Virgen como pidiendo socorro y Ella les dijo: – ¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores? Para salvarlos, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María. Si se reza y se hace penitencia, muchas almas se salvarán y vendrá la paz. Pero si no se reza y no se deja de pecar tanto, vendrá otra guerra peor que las anteriores, y el castigo del mundo por sus pecados será la guerra, la escasez de alimentos y la persecución a la Santa Iglesia y al Santo Padre. Vengo a pedir la Consagración del mundo a mi Corazón Inmaculado y la Comunión de los Primeros Sábados, en desagravio y reparación por tantos pecados. Y añadió Nuestra Señora: Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan:

“Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de Tu Infinita Misericordia”.

Cuarta aparición. Esta no fue posible el 13 de agosto, porque ese día el alcalde tenía prisioneros a los 3 niños intentando aceptar decir que ellos no habían visto a la Virgen.  Aunque el alcalde no logró su propósito, la aparición sucedió  unos días después.

La Sma. Virgen les dijo en la 4ª. Aparición: “Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas”. Desde esta aparición los tres niños se dedicaron a ofrecer todos los sacrificios posibles por la conversión de los pecadores y a rezar con más fervor el Rosario.

Quinto aparición: 13 de Septiembre 1917.

Ya hay unas 12,000 personas. Lucía le pide por varios enfermos. La Virgen le responde que algunos sí curarán, pero que otros no, porque Dios no se confía de ellos ya que para la santificación de algunas personas es más conveniente la enfermedad que la buena salud. E invita a todos a presenciar un gran milagro el próximo 13 de octubre.

Sexta y última aparición y el Milagro. 13 de octubre de 1917.

En este día hay 70,000 personas. La aparición dice a los tres niños: “Yo soy la Virgen del Rosario. Deseo que en este sitio me construyan un templo y que recen todos los días el Santo Rosario”.

Lucía les dice los nombres de bastantes personas que quieren conseguir salud y otros favores muy importantes. Nuestra Señora le responde que algunos de esos favores serán concedidos y otros serán reemplazados por favores mejores. Y añade: “Pero es muy importante que se enmienden y que pidan perdón por sus pecados”.

Y tomando un aire de tristeza la Sma. Virgen dijo estas sus últimas palabras de las apariciones: QUE NO OFENDAN MÁS A DIOS QUE YA ESTA MUY OFENDIDO!! (Lucía afirma que de todas las frases oídas en Fátima, esta fue la que más le impresionó su tono de voz.)

La Sma. Virgen antes de despedirse señaló con sus manos hacia el sol y entonces los 70,000 espectadores presenciaron un milagro conmovedor, un espectáculo maravilloso, nunca visto: la lluvia cesó instantáneamente (había llovido desde el amanecer y era mediodía) las nubes se alejaron y el sol apareció como un inmenso globo de plata o de nieve, que empezó a dar vueltas a gran velocidad, esparciendo hacia todas partes luces amarillas, rojas, verdes, azules y moradas, y coloreando de una manera hermosísima las lejanas nubes, los árboles, las rocas y los rostros de la muchedumbre que allí estaba presente. De pronto el sol se detiene y empieza a girar hacia la izquierda despidiendo luces tan bellas que parece una explosión de juegos pirotécnicos, y luego la multitud ve algo que la llena de terror y espanto: Ven que el sol se viene hacia abajo, como si fuera a caer encima de todos ellos y a carbonizarlos, y un grito inmenso de terror se desprende de todas las gargantas. “Perdón, Señor, perdón”, fue un acto de contrición dicho por muchos miles de pecadores. Este fenómeno natural se repitió tres veces y duró diez minutos. No fue registrado por ningún observatorio astronómico porque era un milagro absolutamente sobrenatural.
Luego el sol volvió a su sitio y los miles de peregrinos que tenían sus ropas totalmente empapadas por tanta lluvia, quedaron con sus vestidos instantáneamente secos. Y aquel día se produjeron maravillosos milagros de sanaciones y conversiones.

Apariciones del Ángel de La Paz

Antes de la Manifestación de Nuestra Señora de Fátima, los niños Videntes, tuvieron tres apariciones de un Ángel.

Primera Aparición: El Ángel les dijo: “No teman. Soy el Ángel de la Paz. Recen conmigo.” Luego se arrodilló en la tierra, se inclinó y dijo: “Dios mío, Yo creo, adoro, espero y os amo. Y os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.”

Lo repitió tres veces, se levantó y le dijo a los  pequeños “Recen de esta manera. Los corazones de Jesús y María están atentos a sus súplicas.” Luego desapareció.

En la segunda aparición: el Ángel les dijo: “Yo soy el Ángel de su guardia, el Ángel de Portugal. Sobre todo, acepten y soporten con sumisión el sufrimiento que el Señor les envíe para que lo ofrezcan en reparación.”

En la tercera aparición: El Ángel se apareció llevando consigo un cáliz y sostuvo sobre él, una Hostia. Repitió tres veces esta oración:

“Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los tabernáculos del mundo entero, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias por los cuales es ofendido. Por los méritos Infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María os pido por la conversión de los pobres pecadores.” Después le dio la Hostia a Lucía y ofreció el contenido del Cáliz a Jacinta y Francisco para que lo bebieran. Volvió a repetir la oración y se marchó.

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