Los Siete Dolores de la Santísima Virgen María.

Los Siete Dolores de la Santísima Virgen María, Es una Devoción para contemplar de dos formas:
1. Rezando, todos los días, los siete dolores de la Santísima Virgen María así: Con un Padrenuestro, un Ave María en cada dolor y un Gloria (en Honor a la Santísima Trinidad.)

2. Y todos los Sábados, principalmente el Sábado Santo de una forma más meditada y profunda así:
Con un Rosario negro de 7cuentas por 7 misterios: Un Padre Nuestro, siete Avemarías y un Gloria, en cada dolor.

Es una devoción que nos ayuda a unir nuestros dolores a los de La Madre Santísima, tal como Ella unió Sus Dolores acérrimos a los de Su Hijo, y así participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo entero.

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

A Santa Brígida, viuda de un príncipe sueco (1307-1373) y patrona de Suecia, le fue revelada la promesa de la Santísima Virgen, nuestra Madre del Cielo, de conceder siete gracias a las almas que la honren y acompañen diariamente rezando siete Avemarías, meditando sus lágrimas y dolores. Santa Brígida se destacó principalmente por una intensa vida de caridad, por ser una de las místicas más importantes de la Edad Media y por haber recibido, durante su fructífera vida, numerosas revelaciones privadas de Jesús y María.

LAS SIETE GRACIAS

Las siguientes son las siete gracias prometidas por María:

  1. Pondré paz en sus familias.
  2. Serán iluminados en los Divinos Misterios.
  3. Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.
  4. Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.
  5. Los defenderé en los combates espirituales contra el maligno infernal y los protegeré en todos los instantes de su vida.
  6. Los visitaré visiblemente en el momento de su muerte: Verán el rostro de Su Madre.
  7. He conseguido de mi Divino Hijo que los que propaguen esta devoción (a mis lágrimas y dolores) sean trasladados de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados y Mi Hijo y Yo, seremos su Eterna Consolación y Alegría.

En el libro “Las Glorias de María” de San Alfonso María de Ligorio se dice lo siguiente: El mismo Jesús reveló a la beata Mónica de Binasco que Él se complace mucho en ver quienes sienten compasión por Su Madre, y así le habló: “Hija, agradezco mucho las lágrimas que se derraman por mi pasión; pero Amando con Amor inmenso a mi Madre María, me es sumamente grata la meditación en los dolores que ella padeció en mi muerte.”

Según San Alfonso María Ligorio, Nuestro Señor Jesús reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima:

  1. Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de todos sus pecados.
  2. Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la hora de su muerte.
  3. Imprimirá en sus mentes el recuerdo de Su Pasión y tendrán su recompensa en el cielo.
  4. Encomendará a estas almas devotas en manos de María, a fin de que les obtenga todas las gracias que desea derramar en ellas.

    EL PEDIDO DE MARÍA: Meditar sus Dolores

En unas de sus numerosas revelaciones, el número XIV del tomo segundo de su obra de ocho tomos “Revelaciones”: La Santísima Virgen le comunicó, con respecto a sus dolores lo siguiente:

“Miro ahora a todos los que viven en el mundo por ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, pero son poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Y así, tú, hija, no me olvides, aunque soy olvidada y menospreciada de muchos, mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y lágrimas, duélete de que sean pocos los amigos de Dios.”

LOS SIETE DOLORES DE MARÍA EN ESTE TIEMPO

Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás nos dio este mensaje sobre sus siete dolores de hoy. Fiesta de Nuestra Señora de los dolores.

(15 de Septiembre 1,989) Mensaje No. 1707

“Hija mía, en estos días son Mis Dolores:

  1. El rechazo hacia mi Hijo.
  2. El ateísmo.
  3. La falta de caridad.
  4. Los niños que no nacen.
  5. La incomprensión en las familias.
  6. El gran egoísmo de muchos hijos en el mundo.
  7. Los corazones aún cerrados al Amor de esta Madre.

También por los pecados de los sacerdotes y religiosos del mundo entero…”

Y también San Nicolás nos enseñó esta jaculatoria: (04 de Agosto 1,984) Mensaje No. 232

“Oh dulcísima Madre, por todos los sufrimientos que padeciste, ayúdame a sobrellevar mi Cruz.”

HOMENAJE A LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN SANTÍSIMA

A LA VIRGEN DE LOS DOLORES

Señora y Madre nuestra: Tú estabas serena y fuerte junto a la Cruz de Jesús. Ofrecías Tu Hijo al Padre para la redención del mundo.

Lo perdías, en cierto sentido, pero Él tenía que estar en las cosas del Padre, pero lo ganabas porque se convertía en Redentor del mundo, en el Amigo que da la vida por sus amigos.

María, Madre del Dolor, ¡qué hermoso es escuchar desde la Cruz las palabras de Jesús: “Ahí tienes a Tu hijo”, “ahí tienes a Tu Madre”.!

¡Qué bueno si te recibimos en nuestra casa como Juan! Queremos llevarte siempre a nuestra casa. Nuestra casa es el lugar donde vivimos. Pero nuestra casa es sobre todo Tu corazón, donde mora la Santísima Trinidad. Amén.

¡Oh Dios mío! Ven en mi auxilio, Date prisa Señor, ven a socorrernos.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Acto de Contrición

Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico Tu perdón y por medio de Tu gracia, concédeme ser verdaderamente merecedor de Tu amor, por los méritos de Tu Pasión y Tu muerte y los dolores de Tu Madre Santísima. Amén.

Primer Dolor: 

La profecía del anciano Simeón (Lc. 2, 22-35): “… Y a ti, Mujer, una espada de dolor te atravesará el corazón…”

Madre tierna, que con tus quince años, cuando feliz ibas a presentar a tu niño de cuarenta días en el Templo de Jerusalén, padeciste un dolor intenso al oír, de los labios del Santo Profeta Simeón, “que una espada de dolor iba atravesar tu corazón” haz que te ame cada día más y que cuando me toque presentarme ante el Trono Divino para dar cuenta de mi vida, oiga a Jesucristo, Juez universal, decirme tiernamente: “He oído a mi Madre hablar de ti”. Amén.

Súplica: Oz compadezco, Madre Dolorosa, por la aflicción de vuestro Corazón en la profecía de Simeón. Querida Madre mía, por vuestro afligido Corazón, alcanzadme la virtud de la Humildad y el Don del Santo Temor de Dios. Amén.

Padre Nuestro, 7 Avemarías y Gloria.

Segundo Dolor:

La persecución de Herodes y la huida a Egipto. (Mt. 2, 13-15): “El Ángel del Señor le dijo a José: “Levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise; porque Herodes buscará al niño para matarlo.”

Madre fuerte, por los dolores que padeciste al tener que huir a Egipto con Jesús Niño y San José, haz que tenga un corazón atento para huir de todas las ocasiones de pecado y que en mi hogar la Sagrada Familia sea el ideal a seguir. Amén.

Súplica: Os compadezco, Madre Dolorosa, por las angustias que experimentó vuestro Corazón en la huida y permanencia en Egipto. Querida Madre mía, por vuestro angustiado Corazón, alcanzadme la virtud de la liberalidad hacia los pobres y el Don de la Piedad. Amén.

Padre Nuestro, 7 Avemarías y Gloria.

Tercer Dolor:

Jesús perdido en el Templo, por tres días. (Lc. 2, 41-50): “Después de tres días lo hallaron en el Templo, sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: Hijo, ¿Por qué te has portado así? ¡Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados! Él les contestó: ¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que preocuparme de los asuntos de mi Padre?”.Madre de la esperanza, que junto a San José sufriste muchísimo cuando perdiste a Jesús de doce años en el Templo de Jerusalén por tres días, llévame siempre de tu mano como a un niño, para no perder a Jesús. Y si alguna vez, por mis errores, me alejo de ustedes, no descansen hasta encontrarme nuevamente para tener un arrepentimiento y hacer una buena Confesión. Amén.

Súplica: Os compadezco, Madre Dolorosa, por la agitación y afán que experimentó vuestro Corazón en la pérdida de vuestro Hijo.
Querida Madre mía, por vuestro Corazón turbado y afanoso, alcanzadme la virtud de la castidad y el Don de la Ciencia. Amén.

Padre Nuestro, 7 Avemarías y Gloria.

Cuarto Dolor:
Su encuentro con Jesús, cargando la pesada Cruz. (Vía Crucis, 4ta estación):

Se cruza la mirada de la Madre con la del Hijo y ella acepta el dolor y la misión de su Hijo Jesucristo. Es nuestra Madre Dolorosa y Corredentora con Jesús. Madre del Consuelo, que experimentaste un dolor tan fuerte al encontrar a tu querido Hijo, con la Cruz a cuestas en la calle de la amargura, ayúdame a cambiar mi corazón para no aumentar más el peso de aquella Cruz con nuevas ofensas y pecados, causa de su muerte y de tu tristeza. Que pueda ser para Jesús otro Cirineo. Amén.

Súplica: Oz compadezco, Madre Dolorosa, por la consternación de vuestro Corazón, al encontrar a Jesús llevando la Cruz sobre sus hombros. Querida Madre mía, por vuestro Corazón, víctima de tanta amargura, alcanzadme la virtud de la paciencia y el Don de la Fortaleza. Amén.

Padre Nuestro, 7 Avemarías y Gloria.

Quinto Dolor:
La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo (Jn. 19, 17-30): “Allí lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y en el medio a Jesús…”Madre Dolorosa, por el sufrimiento inmenso que llenó todo tu ser cuando contemplabas a Tu Hijo clavado en la Cruz, enséñame a aceptar, amar y ofrecer todas las cruces que estoy viviendo y a ofrecerte por amor las que en el futuro me toque vivir. Amén.

Súplica: Os compadezco Madre Dolorosa, por el martirio que sufrió vuestro Corazón de Madre, viendo agonizar a Jesús sin poder prestarle ningún consuelo. Querida Madre mía, por vuestro mártir Corazón, alcanzadme la virtud de la templanza y el Don de Consejo. Amén.

Padre Nuestro, 7 Avemarías y Gloria.

Sexto Dolor:
María recibe muerto a su Hijo Jesús bajado de la Cruz. (Mc. 15, 42-46).

Madre del perdón, por esas lágrimas tuyas que se mezclaron con la sangre de tu Hijo, cuando lo recibiste muerto en tus brazos maternales, sé mi fortaleza para que pueda sostener con mi amor y mi entrega a todos los que necesitan de mí. Amén.

Súplica: Os compadezco, Madre Dolorosa, por la herida de amor que vuestro Corazón experimentó cuando visteis traspasar el Sagrado Corazón de Jesús. Querida Madre mía, por vuestro Corazón herido, alcanzadme la virtud de la caridad fraterna y el Don de la Inteligencia. Amén.

Padre Nuestro, 7 Avemarías y Gloria.

Séptimo Dolor:
La Sepultura de Jesús y la Soledad de María. (Jn. 19, 38-42): “Cerca del lugar donde crucificaron a Jesús había un huerto, y en el huerto, un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado. Aprovecharon entonces este sepulcro cercano para poner ahí el cuerpo de Jesús, porque estaban en la preparación del sábado solemne.”

Madre del Amor Eterno, por la soledad en que quedaste al dejar el cuerpo de Tu Divino Hijo en el sepulcro, haz que siempre los tenga a Jesús y a Ti por compañía, que no me olvide de que estamos de paso en este mundo y que comprenda que todos los dolores y sufrimientos ofrecidos se cambiarán en el Cielo por grandes alegrías. Amén.

Súplica: Os compadezco, Madre Dolorosa, por el dolor que desgarró vuestro Corazón, cuando dejasteis sepultado el Cuerpo de Jesús. Querida Madre mía, por vuestro Corazón tan afligido, alcanzadme la virtud del fervor en el servicio de Dios y el Don de la Sabiduría. Amén.

Padre Nuestro, 7 Avemarías y Gloria.

ORACIÓN FINAL

Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca Su Divina Voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores. Protégeme siempre. Amén.

Oh Dios, que visteis, durante vuestro Pasión, el alma amantísima de la Gloriosa Virgen María, vuestra Madre, atravesada por una espada de dolor, según la profecía de Simeón; concedednos por vuestra bondad, que mientras celebramos con veneración la memoria de Sus Dolores, recojamos por los méritos e intercesión de todos los Santos que han permanecido fieles a la Cruz, los venturosos frutos de vuestra Pasión: Tú, que vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Oración a la Santísima Virgen Dolorosa por Los Sacerdotes y Religiosos

¡Virgen María de los Dolores, tu acompañaste al Señor a lo largo de tu vida, desde el momento mismo de la Encarnación hasta la muerte ignominiosa en la Cruz; te pido acompañes siempre a los sacerdotes con la misma entrega maternal que hiciste con Cristo Tu Hijo para que se sientan siempre muy acompañados, amados y protegidos por ti que eres la gran intercesora!

¡María, durante la vida oculta de Jesús Tú lo fuiste educando y forjando su corazón, su carácter, su sencillez, su generosidad, su bondad, su humildad, su pureza, su paciencia, su capacidad de interiorización, contemplación y de silencio…; educa también el corazón de los sacerdotes para que vivan al estilo de Cristo Sacerdote y se guíen por los sentimientos de su Corazón!

¡Oh Señora de Bondad y de Misericordia, acompaña siempre a los sacerdotes para que santifiquen los sacramentos, trasmitan fielmente la Palabra de Dios, sean guías para todos los hombres y sirvan a la comunidad como lo hizo el Buen Pastor!

¡Señora, Reina de los sacerdotes y protectora de los religiosos, al igual que tu protegisteis a tu Hijo Jesucristo a lo largo de su vida, protege cada día a los sacerdotes y religiosos para liberarlos de la tentación y de todo mal!

¡María, Reina de la esperanza, tú conoces la debilidad de los hombres, ayuda a los sacerdotes y religiosos a ser fuertes ante la tentación, a caminar siempre con la fortaleza del que se sabe acompañado de tu amor, ¡Ayúdales a soportar la incomprensión de la sociedad! ¡María, danos sacerdotes santos, danos religiosos santos y danos familias santas para que haya muchas vocaciones de sacerdotes y religiosos santos y ayúdales a todos ellos a perseverar en el camino de la santidad! ¡Señora, tu Corazón Inmaculado está muy unido al Sagrado Corazón de Jesús, haz vivir a los sacerdotes según los sentimientos de vuestro Corazón Santo! ¡María, alienta a los sacerdotes con tu cariño y protección y forja en ellos las virtudes de Hijo sacerdote!

¡María, Madre Dolorosa, Madre de los sacerdotes y religiosos

ruega por nosotros y por el mundo entero! Amén.

EL MAGNIFICAT (Lc 1, 46-55)

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por Mí, Su nombre es Santo, y Su Misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos, enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. Amén.

Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo,
como era en un principio por los Siglos de los Siglos. Amén.

ORACIÓN DE REPARACIÓN

Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Y os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo,
os adoro profundamente,
os ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Tu Amadísimo Hijo Nuestro Señor Jesucristo, presente en los Tabernáculos del mundo entero. En reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con los cuales Él es ofendido.
Por los méritos Infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María, pido por la conversión de todos los pobres pecadores. Amén.

 

 

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