5 Pasos necesarios para una buena CONFESIÓN.

La mejor postura en el momento de la Confesión es estar de rodillas pidiendo perdón a Dios.

La Iglesia recomienda confesarse frecuentemente, no sólo de los pecados mortales – que deben confesarse enseguida – sino también de los pecados veniales. De esta manera, se aumenta el propio conocimiento; se crece en humildad; se desarraigan las malas costumbres; se hace frente a la tibieza y pereza espiritual; se purifica y forma la conciencia; nos ayudan en nuestra vida interior, y aumenta la gracia en virtud del sacramento. Para crecer en el amor de Dios es muy conveniente tener en mucha estima la confesión; confesarse a menudo y bien.

Cinco pasos necesarios para el Sacramento de la Confesión

1. Examen de conciencia.

Recordar los pecados que hemos cometido y las causas por las cuales estamos cometiendo esas faltas. (Antes de ir con el Padre, ve preparado(a), con una hoja y bolígrafo te ayudará mucho y al terminar la confesión quema la hoja o hazlo mil pedazos.)

ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO Y AL JUSTO JUEZ para que recuerde mis pecados que entristecen su Sagrado Corazón:

Ven, Espíritu Creador, visita nuestras almas y tu gracia Infinita infunde al corazón. Tú eres el abogado, Don de Dios, Viva Fuente, Fuego y Amor ardiente y espiritual Unción. Fuente de Siete Dones, manos de Dios abierta, del Padre Rica oferta, hálito inspirador. Infúndenos tu lumbre y con Tu Viva Llama el corazón inflama, dale esfuerzo y vigor. Aleja al enemigo, danos paz y victoria, guíanos a la Gloria, Divino Defensor. Obtennos conocerte, Espíritu Divino vivir en Ti, Dios Trino, y disfrutar de Tu Amor. Amén.

Mirad, oh Amado y Buen Jesús, un pecador, postrado con miserias, lleno de confianza vengo a Tus Pies. Mis pecados me llenan de temor y no encuentro otro refugio más que solo Tu Amantísimo Corazón. A la vista de ese Divino Corazón, la confianza vuelve otra vez a mi alma. Soy, en verdad, oh Señor, el más ingrato de todos tus hijos, que tan mal ha correspondido a Tu amor, ofendiéndote a Ti, que eres mi Padre Bondadosísimo. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Pero mi pobre corazón no puede vivir sin Ti. Merezco un juez severo; pero en vez de esto, encuentro un Dios lleno de ternura y amor, clavado en la cruz, por mí bien, con los brazos abiertos, brazos que me dice cuánto me amas, dispuesto a recibirme como soy como Padre Misericordioso que eres. Tus cinco Sagradas Llagas son las que me invitan al arrepentimiento y hablan a mi pobre corazón: vuélvete, hijo Mío, vuélvete a Mi, arrepiéntete y no dudes de mi Amor y de mi Perdón.

Acabad, oh Dulce Maestro la obra que en Tu Infinita caridad habéis comenzado. Concededme un poco de conocimiento y de dolor que Tú tienes de mis pecados, cuando en el huerto de los Olivos sudaste sangre a la vista de ellos, y caíste como muerto sobre Tu sagrado rostro, para que yo comprenda el peso y la malicia del pecado y conciba un verdadero dolor. Espíritu Santo ilumina mi entendimiento para que conozca claramente mis pecados. Fortaleced mi voluntad para aborrecer mis pecados y arrepentirme de todos ellos. Oh María, Madre de los dolores, ayúdame en esta grande tribulación de mi alma. Ángel de mi guarda, Patronos míos, rogad por mí, para que haga una buena confesión. Así sea. Amén.

Repasamos:

  • Los diez mandamientos.
  • Los siete pecados capitales.
  • Los cinco mandamientos de nuestra Santa Madre la Iglesia Católica.
  • Las obras de misericordia.
  • Las virtudes: Teologales y morales
  • Las bienaventuranzas.
  • Los pecados de omisión: Es el bien que dejamos de hacer y la pérdida de tiempo: no ayudar, no hacer apostolado, no compartir los bienes, no hacer visitas a Cristo Eucaristía, no corregir…
  • Los pecados de ignorancia: Es la falta de formación. “Mi pueblo perece por falta de conocimiento.” (Oseas 4, 6)

Hacer un buen examen de conciencia para confesar TODOS LOS PECADOS, sin dejar uno solo.

¿Qué sucede cuando uno olvida algún pecado grave en la confesión, sin querer?

Una norma muy útil: cuando uno termina de decirle al sacerdote los pecados conviene añadir: “Pido perdón también de todos los pecados que se me hayan olvidado y mis faltas por ignorancia”. Así queda el alma mucho más tranquila. Obtiene el perdón de los pecados y puede comulgar, pero al recordarlo en la próxima confesión debe confesarse de ese pecado que olvidó sin querer.

Ahora, es muy diferente olvidar un pecado que ESCONDER un pecado, al esconder el pecado la Confesión queda INVÁLIDA.

***Hacer un examen de conciencia todos los días en la noche: antes de acostarnos, porque así iríamos formando bien nuestra conciencia, haciéndola más sensible y recta, más pura y delicada. Los grandes Santos nos han recomendado este medio del examen de conciencia diario.

Ofrece Salmos de perdón a Dios en tus oraciones diarias de la noche como los Salmos 32, 51, 86, 122 o los siguientes acto de contrición (arrepentimiento) siguientes:

 

2. Dolor de mis pecados o Arrepentimiento.

El sincero dolor de haber ofendido a un Dios tan Bueno, el haber ofendido al prójimo o a tu cuerpo que es templo del Espíritu Santo.

Oración de Acto Penitencial: La que más usamos del Ritual Católico y sus 10 fórmulas : 

Yo Confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos que he pecado mucho de pensamiento, palabras, obras y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los Ángeles, a los Santos y a ustedes hermanos que intercedan por mí ante Dios nuestro Señor. Amén.

Fórmula 1

Señor Jesús,
que has sido llamado
amigo de los pecadores,
por el misterio de tu muerte
y resurrección
líbrame de mis pecados
y dame tu paz,
para que aporte frutos de caridad,
de justicia y verdad. Amén.

Fórmula 2

Señor Jesucristo,
Cordero de Dios,
que quitas los pecados del mundo,
reconcíliame con el Padre
en la gracia del Espíritu Santo;
lávame en tu sangre de todo pecado
y hazme un hombre nuevo
para alabanza de Tu gloria. Amén.

Fórmula 3

Señor Jesús, Hijo de Dios,
Apiádate de mí que soy un pecador.

Fórmula 4

Piedad de mí, Oh Señor,
según tu misericordia;
no mires mis pecados
y borrar toda mis culpas;
crea en mí un corazón puro
y renueva en mí un espíritu
de fortaleza y santidad. Amén.

Fórmula 5

“¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’” (Lc 15:4-6) Amén.

Fórmula 6

“Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor, porque son eternos.
No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud: por tu bondad, Señor,
acuérdate de mí según tu fidelidad” (Sal 24/25, 6-7) Amén.

Fórmula 7

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido.
Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí;
pero mucho más me pesa porque pecando ofendí a un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberte ofendido,
y propongo firmemente, ayudado por tu divina gracia,
no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado.
Señor, misericordia, perdóname.
Lávame, señor, de todas mis culpas,
límpiame de mi pecado.
Reconozco mi culpa,
mi pecado está siempre delante de mí. Amén.

Fórmula 8

Padre, he pecado contra ti,
ya no soy digno de ser llamado a tu hijo.
Ten piedad de mí, pecador. Amén.

Fórmula 9

Padre Santo, como el hijo pródigo
me vuelvo a tu misericordia:
“He pecado contra ti, ya no soy más digno
de ser llamado tu hijo”.
Cristo Jesús, Salvador del mundo,
que has abierto al buen ladrón
las puertas del paraíso,
acuérdate de mí en tu reino.
Espíritu Santo, fuente de paz y amor,
has que purificado de toda culpa
y reconciliado con el Padre camine siempre como hijo de luz. Amén.

Fórmula 10

Señor Jesús, que sanaste a los enfermos
y abriste los ojos a los ciegos,
tu que absolviste a la mujer pecadora
y confirmaste a Pedro en tu amor,
perdona todos mis pecados,
y crea en mí un corazón nuevo,
para que yo pueda vivir en perfecta unión con los hermanos
y anunciar a todos la salvación. Amén.

3. El propósito de enmienda.

Es una firme resolución de nunca más ofender a Dios. Y hay que hacerlo antes de confesarse. Jesús a la pecadora le dijo:

“Vete y no peques más” (Jn. 8,11). Esto es lo que se propone el pecador al hacer el propósito de enmienda: “no quiero pecar más, con la ayuda de Dios”.

Si no hay verdadero propósito, la confesión es inválida. No se trata de la certeza absoluta de no volver a cometer pecado, sino de la voluntad de no volver a caer, con la gracia de Dios.

No vayas al confesionario por tradición, por salir del compromiso en agradar a alguien (abuelitas o mamás) o para que te vean. Recuerda que el Sacramento de la Confesión es SAGRADA y no te aproveches ni abuses, ni mucho menos juegues con La Divina Misericordia de Dios.

 

4. Confesar todos los pecados al Sacerdote.

No es necesario ilustrar detalles de lo ocurrido.

INCORRECTO: “Íbamos en el carro y papa sacó una vieja conversación…. me habló de una novia… reaccioné….entonces…”

CORRECTO: “Ofendí gravemente a mis padres de palabra.”

Confiesa tus propios pecados y no los ajenos. El confesionario no es para juzgar al prójimo sino juzgarte tu mismo.

Sacerdote dice: “Ave María Purísima” Penitente: “Sin pecado concebida. Hace (Tanto tiempo) de mi última confesión. Mis pecados son los siguientes…” 

5. Cumplir la Penitencia impuesta por el Sacerdote.

¡¡ES FALTA GRAVE SI NO CUMPLES LA PENITENCIA PUESTA POR EL CONFESOR!!

Es rezar o hacer lo que el confesor me diga. Ser obedientes. Esta penitencia, ya sea una oración o una obra, es para expiar: reparar el daño que hemos hecho a Dios al pecar. Pagando con buenas obras mis pecados!

Es obligatorio cumplir la penitencia, porque es parte del mismo Sacramento.

 

Oración para después de la Confesión

Gracias, Oh Padre Celestial, gracias infinitas te doy, por el inmenso beneficio que acabas de concederme. Has purificado mi pobre alma con la Sangre Preciosísima de Tu Divino Hijo, mi buen Salvador. Te ofrezco esta mi confesión y mi penitencia en unión con todos los actos de penitencia que hicieron todos los santos y en especial la de Nuestro Señor Jesucristo, Su santísima Madre y San José, pidiendo a Tu bondad paternal que te dignes aceptarlos y hacerlos méritos para mi eterna salvación. Lo que haya podido faltar, lo pongo todo en el Corazón Adorable de mi Buen Jesús, Tesoro Infinito de todo bien y de todas las gracias.
Y por los méritos de la siempre Bienaventurada Virgen María y Madre tuya y de todos los Santos, te suplico te sea grata y aceptable esta confesión mía. Y, según Tu misma Piedad y Misericordia, me hagas digno de la perfecta y plena absolución en el Cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén. Te agradezco, Señor, el haberme perdonado mis faltas; Haz que te ame cada día más y que siempre haga tu Santísima Voluntad. Virgen Santísima, intercede por mí y guárdame en la gracia de Dios, como estoy en estos momentos. Cuida mis sentidos y mi corazón hasta mi muerte. Amén.

Confesión, una gracia SANTIFICANTE.

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