SAN BENITO, Abad. Fiesta 11.Julio

¿Quién es San Benito? 

La Santa Benedictina Gertrudis de Alemania conocida como la Primera Gran Mística (1256-1302) se le confió un mensaje de Dios: “Los hijos espirituales de San Benito ayudarán mucho a la Iglesia del Señor, especialmente en los últimos tiempos.”

San Benito nació en Nurcia, Italia, hace más de mil quinientos años, en el año 480 después de la era de Cristo. Vivió una vida santa y desde niño se mostró maduro espirialmente y nunca se dejó seducir por las atracciones de viles placeres. 

Descendiente de una noble familia, fue mandado a Roma para sus estudios normales, pero al ver mucha corrupción que arrastraba por Roma y por muchas tentaciones que el enemigo infernal intentó por muchos medios para desviarlo del camino que Dios le tenía preparado, rápidamente dejó la ciudad, abandonando sus estudios, específicamente las ciencias humanas, ya que dentro de sí mismo sentía la profundidad de la Ciencia Divina. Consiente de su libertad de disfrutar los bienes materiales de la vida, dejó un mundo que él consideraba vacío de valores, entregándose totalmente a las bellezas de la liturgía que lo seducían porque le llenaban el alma. 

Su primer milagro de San Benito realizó al salir de Roma con su sirvienta: una vasija que le habían prestado y que ella llevaba en sus manos, se le cayó al suelo haciéndose mil pedazos!! San Benito se recogió en profunda oración al Señor y de repente la vasija quedó entera como antes. 

Surgió entonces para San Benito, un gran peligro: las alabanzas humanas y halagos de las personas… pero Benito prefirió el sufrimiento que las alabanzas y los honores, así que abandonó todo, despidió a la sirvienta y se fue en retiro a una gruta en Subiaco. 

En la soledad bajo la mirada del Señor, comenzó a estudiar las Sagradas Escrituras que fueron para él como su alimento, confort y luz. Luego llegaron a quedarse con él algunos pastores pobres para que los instruyera. Al ver la santidad de Benito unos monjes de Vicovaro lo convidaron para ser su superior. Benito aceptó, pero rápidamente se arrepintieron porque Benito era muy estricto ya que él quería que se volvieran a ser fieles observadores de la Regla, por ese motivo intentaron envenenarlo. 

San Benito conociendo sus malas intenciones inspirada por el enemigo, hizo la señal de la Cruz sobre el Cáliz que le estaban dando para beber, éste se quebró en mil pedazos. Con esto San Benito dejó esos falsos hermanos y volvió a su amada soledad. 

Pero llegó el momento en que la lámpara debía ser elevada bien alto para que los demás pudieran ser iluminados por su luz. Comenzó a expandirse la fama de su santidad y muchos se unieron a él para ponerse al servicio de Dios.

Benito, en esto, vio los deseos de Dios: construyó doce monasterios con superiores permanentes y doce monjes en cada monasterio. Dejó consigo algunos monjes: los jóvenes Mauro y Plácido, para formarlos personalmente para la vida monástica, así nace la ORDEN BENEDICTINA.

Guiado por el Espíritu de Dios, dio a sus monjes una guía – LA REGLA – admirable en su simplicidad y el camino seguro para llegar al Reino de los Cielos. 

Fundó su Orden sobre la Palabra de Dios, a la Palabra alió la oración permanente del corazón que es la unión con Dios. 

Benito fue muy amigo de Dios, y Dios nada le negó a su fiel siervo. Realizó grandes milagros: 

Resucitó a los muertos y
Venció la soberbia de los grandes y mientras se desintegraba el Imperio Romano, surgió por medio de este gran Santo, la nueva era para Europa donde sua hijos comenzaron a propagar la Alegre Nueva, superando muchas dificultades, tanto fue elevada su fe hasta el límite máximo del mártirio. Lucha sin treguas contra el enemigo de las almas que no soportaban ver tanta santidad.

Una vez en Roma, los ojos del maligno fijos en Benito, con el coraje del joven y para arrancar los dardos que el enemigo le lanzaba en la mente y en el corazón, venció la tentación de la lujuria de la carne tirándose en una enredadera de espinos, donde se envolvió y se revolvió varias veces, derramando mucha sangre, pero la aguja de la tentación de la carne en él se acabaron! Se levantó lleno de fuerza contra el enemigo y éste molesto le gritaba: “maldito Benito…no….” 

Aún hoy, nuestro Santo es fuertísimo contra el demonio y le complace mucho ayudar a sus devotos y vencer al enemigo pronunciando las palabras que él dejó a la Iglesia: 

“PARA ATRÁS SATANÁS! NUNCA BEBERÉ TUS TENTACIONES, BÉBETE TU PROPIO VENENO! SEA LA SANTA CRUZ MI LUZ, NUNCA SERÁ EL ENEMIGO MI GUÍA”

San Mauro, uno de los primeros hijos espirituales de San Benito, al evangelizar, realizó varios milagros usando la Cruz de San Benito y libró muchas almas poseídas por la seducción del enemigo. 

San Benito muere un Jueves Santo del año 547. 

Historia de la medalla

No cabe duda que la medalla de San Benito es una de las más apreciadas por los fieles. A ella se le atribuyen poder y remedio, ya sea contra ciertas enfermedade en los hogares, vehículos y los cimientos de nuevos edificios como garantía de seguridad y bienestar de sus habitantes.

El origen de esta medalla se fundamenta en la experiencia del todo espiritual que aparece en la vida de san Benito y como nos la describe el papa san Gregorio en el Libro II de los Diálogos: El Padre de los monjes usó con frecuencia del signo de la cruz como signo de salvación, de verdad, y purificación de los sentidos. Una cruz era la firma de los monjes en la carta de su profesión cuando no sabían escribir. Todo ello no hace más que invitar a sus discípulos a considerar la santa cruz como señal bienhechora que simboliza la Pasión salvadora del Señor, por la que se venció el poder del mal y de la muerte.

La medalla tal como hoy la conocemos, se puede remontar al siglo XII o XIV o quizá a una época anterior y tiene su historia. En el siglo XVII, en Nattenberg -Baviera-, en un proceso contra unas mujeres acusadas de brujería, ellas reconocieron que nunca habían podido influir malignamente contra el monasterio benedictino de Metten porque estaba protegido por una cruz. 

Ellas con curiosidad, hicieron las investigaciones sobre esa cruz, se encontró que en las tapias del monasterio se hallaban pintadas varias cruces con unas siglas misteriosas que no supieron descifrar. Continuando la investigación entre los códices de la antigua biblioteca del monasterio, se encontró la clave de las misteriosas siglas en un libro miniado del siglo XIV. En efecto, entre las figuras del libro aparecía San Benito alzando en su mano derecha una cruz que contenía parte del texto que se encontraba sólo en sus letras iniciales y en la izquierda portaba una banderola con la continuación del texto que completaba todas las siglas hasta aquel momento misteriosas.

El Papa Benedicto XIV, en marzo de 1742, aprobó el uso de la medalla que había sido tachada anteriormente, por algunos, de superstición. Dom Gueranger, liturgista y fundador de la Concregación Benedictina de Solesmes, comentó que el hecho de aparecer la figura de san Benito con la santa Cruz, confirma la fuerza que su signo obtuvo en sus manos. La devoción de los fieles y las muchas gracias obtenidas por ella es la mejor muestra de su auténtico valor cristiano.

Explicación del anverso

En las antiguas medallas aparece, rodeando la figura del santo, este texto latino en frase entera: Eius in óbitu nostro preséntia muniámur. “Que a la hora de nuestra muerte, nos proteja tu presencia”.

En las medallas actuales, frecuentemente desaparece la frase que es sustituida por esta: Crux Sancti Patris Benedicti, o todavía, más simplemente, por la inscripción: Sanctus Benedictus.


Explicación del Reverso

En cada uno de los cuatro lados de la cruz: C. S. P. B. Crux Sancti Patris Benedicti. Cruz del Santo Padre Benito.
En el palo vertical de la cruz: C. S. S. M. L. Crux Sácra Sit Mihi Lux. Que la Santa Cruz sea mi luz.

En el palo horizontal de la cruz: N. D. S. M. D. Non Dráco Sit Mihi Dux. Que el demonio no sea mi jefe.

Empezando por la parte superior, en el sentido del reloj: V. R. S. Vade Retro Satána. Aléjate Satanás – N. S. M. V. Non Suáde Mihi Vána. No me aconsejes cosas vanas – S. M. Q. L. Sunt  Quae Libas. Es malo lo que me ofreces – I. V. B. ípse Venéna Bíbas. Bebe tú mismo tu veneno.

En la parte superior, encima de la cruz suele aparecer unas veces la palabra PAX y en las más antiguas IESUS.

¡Oh glorioso padre San Benito! 

Fervoroso y ejemplar abad, mi gran protector bondadoso y de cuantos van a ti a suplicar, Aleja de mi cualquier influencia maligna, todo mal y enemigo y libérame de los peligros del alma y cuerpo.

Intercede por mí ante el Señor para que alivie mis sufrimientos, y las serias dificultades por las que paso, aparta, condena y rechaza, por la poderosa intercesión de la Cruz, toda mala persona y toda malicia que puedan dirigir contra mi persona, contra mí familia y mis allegados. 

Líbrame de fatídicas herejías, de magias, conjuros y hechicerías, Aleja de mi persona todo enemigo, aleja al violento, al mentiroso, al envidioso, al mal vecino, al egoísta y al traidor protégeme de la ira, el odio, los celos y el rencor, de las malas lenguas, los enredos y difamación, no permitas que me ataquen física o mentalmente, aparta de mi lado a quien me quiera perjudicar en mi vida cotidiana, en el trabajo, en el amor o en el hogar, líbrame de todo daño y perversidad, en especial de esto que me causa preocupación: 
(hacer ahora con mucha fe la petición) 
Te lo pido con toda confianza y seguro de tu bondad, tú que fuiste santo con fervor, que no antepusiste nada ante Cristo desde que lo hallaste en la oración, concédeme tu amable intercesión. 
Glorioso padre san Benito por tu poder ilimitado sobre los poderes dañinos protégeme, ampárame y defiéndeme de todo mal, Ayúdame a confiar en el amor de Dios, nuestro Padre y a alcanzar la perfección de mi vida cristiana, por la salud de mi cuerpo, mente y alma.
Amén.
Rezar el Credo, tres Padrenuestros, tres Avemarías y tres Glorias. 

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